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De entre todos los palos del flamenco, destaca la soleá que, pese a no ser el palo más antiguo, sí se considera uno de los más importantes, el corazón de este arte, que combina como ningún otro las melodías, los ritmos y las armonías de la estética flamenca. Sigue leyendo este post para descubrir cuál es la importancia y la magia de la soleá.

¿Cuál es el origen de la soleá en el flamenco?

La soleá proviene del jaleo, que a su vez es una combinación de la jota, el fandango y la seguiriya surgida durante el siglo XIX, durante el proceso de “gitanización” de la música. Como su propio nombre indica, el nombre de este palo es una derivación del término soledad, transformado por el acento característico de los bailaores y cantaores flamencos.

Compás, tempo y tonalidad de la soleá

La soleá tiene un compás de 12 tiempos, el mismo que las alegrías y las bulerías, aunque con un tempo más lento, característico de la solemnidad de este baile. En cuanto a su tonalidad, habitualmente se emplea la frigia, con grado dominante bII y tónica I. 

El baile de la soleá

La soleá es el palo idóneo para que una bailaora con arte pueda lucirse en el escenario, ya que su baile es muy expresivo, caracterizado por los desplantes, el zapateado y las escobillas, realizados por la artista con toda la seriedad y el arte que requiere este palo, de profundo sentimiento y capaz de emocionar hasta las lágrimas al público.

¿Cuántos tipos de soleá hay?

Bailaora de Flamenco bailando "La Soleá"

Bailaora de Flamenco bailando «La Soleá»

Como corresponde a un arte popular, como es el flamenco, existen distintos tipos de soleás, cuyas diferencias a menudo son sutiles a ojos de un profano. A continuación, mencionamos algunos de los más importantes.

Soleá de Triana

Se considera la variante más importante de este palo, ya que, aunque se considera que la soleá nació en Cádiz, fue en Sevilla, en el barrio de Triana, donde alcanzó su máxima expresión gracias a La Andonda. Los estudiosos distinguen, dentro de las soleás de Triana, dos tipos o vertientes: la puramente gitana, que se produjo al inicio de la misma, y las apolás, más andaluzas que gitanas, llamadas así porque al principio se utilizaban para rematar un polo.

Soleá de Cádiz

La soleá o solerares de Cádiz se considera el origen del palo y se sitúa solo por detrás de Triana en cuanto a estilos catalogados, con un total de 17 (la de Sevilla cuenta con 36). Tres de esos estilos se atribuyen a Enrique el Mellizo, el cantaor gaditano más famoso, mientras que otros cuatro corresponderían a Paquirri el Guanté. Ambos se coronan como las dos figuras más importantes de este palo en la provincia de Cádiz.

Soleá de Jerez

Para los expertos, la soleá de Jerez, sin ser la más antigua ni la más importante, sí es la que puede considerarse la síntesis de este palo, ya que engloba en su ser todas las características del cante, condensándolas en una sola y otorgando el máximo protagonismo a la música por encima de la letra.

Soleá de Alcalá

Se trata de una versión del palo más lenta y mucho más solemne, creación del cantaor que le dio la fama, Joaquín el de la Paula, sevillano de Alcalá de Guadaira y soldado en la Guerra de Cuba. Comenzó a cantar a su regreso de la misma y se cree que las condiciones físicas con las que volvió fueron las que otorgaron el sosiego característico de sus soleás, que nunca llegó a grabar. El otro gran exponente de esta versión es Juan Talega, sobrino del primero, que alcanzó la fama en su madurez.

Soleá de Utrera

Variante de la soleá de Jerez desarrollada en la localidad del mismo nombre y que llevó a la fama la cantaora Fernanda Jiménez Peña “Fernanda de Utrera”.

Soleá de Córdoba

Para distinguir la soleá de Córdoba es necesario fijarse en los matices que la hacen única, especialmente por lo que se refiere a las letras, que muchos consideran ejemplarizantes e, incluso, filosóficas, plagadas de la sabiduría cordobesa. Por lo que respecta a la melodía, también se pueden observar matices distintos, resultando en una composición llena de melismas, más larga y sin la técnica del ligado.

Soleá apolá

Como ya hemos mencionado más arriba, la soleá apolá es una variante de la soléa de Triana, de la vertiente más andaluza de la misma, denominada así porque se utilizaba para rematar un polo, uno de los palos más arcaicos del flamenco, popularizado por el cantaor Tóbalo de Ronda.

Soleá de Lebrija

La soleá de Lebrija, cuyo máximo exponente fue el cantaor “El Lebrijano”, también es una derivación de la soleá de Triana. Otro cantaor famoso por llevar a la excelencia este palo ha sido Juaniquin de Lebrija.

Principales intérpretes de la soleá

A lo largo de su historia, han sido muchos los intérpretes que han elevado este canto a su máxima expresión y a algunos de ellos ya los hemos mencionado a lo largo de este artículo. A los ya celebérrimos Paquirri el Guanté y Enrique el Mellizo se unen los que se consideran sus sucesores en el palo de la soleá, Aurelio Sellés, El Morcilla, Pericón, El Flecha, La Perla o Manolo Vargas.

 

En cuanto a las cantaoras, la historia nos ha dejado excelentes soleás entonadas por voces femeninas, como la Niña de los Peines, La Niña de Linares, Isabelita de Jerez, la Niña de la Puebla, La Paquera de Jerez o Fernanda de Utrera, que le dio nombre a su propia versión, la soleá de Utrera.

Letras de una soleá

A continuación, te dejamos algunos ejemplos de letras de los estilos de soleá que hemos explicado más arriba, para que puedas entender el profundo sentimiento de este palo.

 

Soleares de Córdoba

Aquel que nunca lloró

ni en su vida tuvo pena

vive feliz, pero ignora

si esta vida es mala o buena.

 

Soleá de Triana

De las cosas más ocultas

el tiempo tiene la llave

a la corta o a la larga

que con el tiempo to(do) se sabe.

 

Los serenos de Triana

van diciendo por las calles

que duerma quien tenga sueño

que yo no despierto a nadie.

 

Candelas del cielo

del cielo caigan candelas

le caigan a tu mare encima

por tener malina lengua.

 

Soleá de Cádiz

A mi mare de mi alma

lo que la camelo yo; 

siempre la tengo presente

metía en el corazón.

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